miércoles, 7 de mayo de 2014

El viaje de la vida.


 - Quisiera esta vez compartir con Uds. algunas reflexiones que buscan respuestas. Aquí vamos:
Todo viaje tiene un inicio y un final. Y en el viaje de la vida, del cual ya conocemos el final, cómo actuamos para afrontar las distintas alternativas que nuestro camino nos presenta y nos aqueja? Es el medio y las personas que nos rodean las que nos ofrecen las oportunidades para que el devenir sea feliz, más tranquilo o más doloroso?. Depende de nosotros o de los otros estar en un equilibrio armónico, que se reflejará en la capacidad de interactuar con ellas y lograr una convivencia que haga a la vida digna de ser vivida, la nuestra y las de ellas?
Acaso el sentido de la vida, no es vivirla??
Y … cómo vivimos? Sentir, pensar, actuar? Estas son las premisas que nos guían? En ese orden? Acaso no es común que se alteren en sentir, actuar y finalmente pensar, cuando las consecuencias de nuestros actos ya produjeron efectos irreparables? Si sólo sintiéramos y pensáramos, no habría que arrepentirse de nada, pero son nuestros actos los que nos permiten interactuar con el medio y los otros, para vivir la vida.
Y … cómo son nuestros actos? Es que estamos limitados en nuestro accionar por la moral? Qué moral? Hay una sola moral? O poseemos una moral hipócrita según sea el destinatario? Habrá quizás una moral materialista que nos guíe a tratar de conseguir el mayor beneficio y a costa de lo que sea? Y quizás pueda haber otra, que es la que aplicaríamos cuando analizamos las acciones de los demás que influyen en nuestra vida? Podemos ver, en el mundo en que vivimos, más allá de nuestras personales y propias realidades? Cómo sentimos, actuamos y pensamos está determinado por el medio ambiente, el nivel cultural, económico y las experiencias personales? Si no puedo conocerme a mí mismo! Cómo pretender conocer a los demás¿?!!! Cómo lograr que mis actos sean producto de mi razón y no motivado por reacciones impulsivas creadas por sentimientos no controlados.??
Y ante los demás qué? Limitamos nuestras reacciones para no sentirnos vulnerables, idiotas, ignorantes ?? Y con los demás qué ? Acaso la gran mayoría de las veces, los demás son sólo objetos que no merecen más que una fugaz mirada para no llevarlos por delante? Ofrecemos ayuda, o solamente la esperamos? Ofrecemos consuelo o solamente lo requerimos? Qué queremos? Qué damos? Cohabitamos en un mismo mundo, pero pocas veces se comparte en igualdad de condiciones.
Viajemos, que el viaje es sólo de ida. Disfrutemos el camino que forma parte del viaje … y hagamoslo más grato, para nosotros, para los demás, mientras podamos …
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Renacer

Había pasado tanto tiempo que mis recuerdos adormecidos no lograban fijar imágenes ni evocar ninguna emoción de mi pasado sentimental. Después de todo la soledad fue mi elección. Yo conocí el amor!. Se que amé y me amaron. Intensa y profundamente. No hubo un gran amor. Todos lo fueron, con las diferencias que le da la femeneidad de la mujer amada. El amor es como las flores. Cada una tiene su forma, su perfume, su suavidad, su encanto tan particular, que la hacen única. Y el amor de cada mujer lleva un sello inconfundible, que deja marcas indelebles, en los más profundo, con su nombre. Así también son las heridas, los desgarros profundos del adiós. La soledad y la angustia del día siguiente. La espera del arrepentimiento. De la mágica solución que levantará la bruma del pensamiento recurrente en el ser amado. Cómo olvidar? Cómo arrancar del pecho la opresión y la angustia?. Poco a poco. De una hora por vez, y así día a día. No pensar. No desear. Como un drogadicto en su etapa de vuelta. Y finalmente el gusto amargo de la resignación. No intentarlo nuevamente. Sin la felicidad del amor, ni los dolores de su ingratitud. Fueron demasiados los golpes que ahondaron las heridas que aquellos adióses produjeron. Con cada cicatriz iba creando una costra de frialdad y escepticismo que me protegía de volver a sentirme desolado. Y así perdí también el amor. El lento acompasar de mi corazón marcaba el ritmo de ningún amor. No más. No quería más heridas ni sufrimientos. No tenía tiempo para el desamor. Después fue un simple devenir. No hubo más pasión, ni emociones, ni esperanza.
Había pasado mucho tiempo y ... ahí estaba ella, frente a mi puerta, enviada por vaya a saber que sortilegio, pidiéndome ya no se qué cosa. Alta, delgada. Capullo de mujer nacida recién ayer de su adolescencia. Su cabello negro enmarcaba el rostro, resaltando su piel traslúcida. Sus ojos tristes de mirar profundo. El perfecto dibujo de sus labios. De cuerpo esbelto. Hermosa. Frágil. Sensual. Lastimada. Hablamos de muchas cosas sin decir nada. Creció la confianza. Quiso mitigar su dolor, compartir su pena y me contó su tristeza. Un engaño de amor. Tenía el corazón herido y su orgullo destrozado. Frágil y lastimada. Buscaba atención y comprensión. Alguien en quien confiar. Un hombro amigo para sostenerse. Fueron algunas horas de algunas tardes.
Sentada frente a mí, sin gestos, con expresión desolada, dejaba que su angustia se convirtiera en palabras, lentamente. Con el reflejo de la tenue luz de una lámpara solitaria, sus ojos brillaban como estrellas, titilando en cada parpadeo. Si algo tenía para darle era mi tiempo y mi silencio. Su confianza y su fragilidad resquebrajaron mi coraza. Y mis sentidos dormidos se hicieron eco de su dolor. Y no podía entender. No quería. Los eslabones de la cadena que la soledad construye día a día eran tantos. Estaban tan aferrados a mi alma y a mi cuerpo, que un suspiro era un dolor, un latido un sufrimiento. Suavemente y uno a uno, los eslabones perdieron su firmeza. Ella y su presencia eran el sentimiento. Su ausencia mi desazón.
Tardes interminables de espera y de frustración si no llegaba. Tardes fugaces si llegaba, y el ansia de retenerla mucho más. Tan frágil, tanta aflicción. Cómo hacer reír a esos ojos de almendra y llenarlos de ternura. Cómo hacerla volar con el pensamiento para que flotara en la luz de una nueva esperanza. Cómo hacerle entender que ya no estaba sola. Qué ansias de protegerla, de tomarla en mis brazos, acariciar su cabello, susurrarle al oído aquellas palabras que había olvidado.
Debe olvidar! Pero cómo olvidar si las heridas están sangrando!
Debe perdonar! Pero cómo perdonar si recién el olvido trae al perdón!
Es que acaso, tan joven, tan vital, tan indefensa, debía resignarse a la agonía de su dolor. Por cuánto tiempo más?
Sabía lo que la soledad puede hacerle a un espíritu consumido por la hoguera de tantas frustraciones. Los sentimientos más puros, contenidos con rabia en el olvido, pugnaban
por abrirse paso y entregarse rendidos ante la llegada de este futuro dolor. Era desesperación por contener todos aquellos gestos y palabras que le demostraran que el más frágil era yo. Que necesitaba de ella como la primera vez. Que su angustia era compartida por mi angustia de no poder decirle de la chispa que empezaba a derretir el hielo en mi alma. Y así sentí que mis antiguos dolores eran superados por el sentimiento sublime de aquello que no podía ser.
La necesidad de ser necesitado. El sentimiento noble de amar y de ser amado. Cómo decirle?
Con la pena de una revelación que me ahogaba en su verdad, le aconsejé aquello que alguna vez yo, con el ímpetu de mi adolescencia y de la soberbia de mi juventud hice, buscar una nueva esperanza, una nueva luz a pesar del fracaso, en la calidez de un nuevo amor.
Sabía que pasaría.... Creo que lo entendió.... No la volví a ver. Yo ya no era necesario. Fui un pequeño oasis que calmó su sed antes de la próxima jornada. Nunca sabrá de la nueva marca indeleble que dejó en mí, grabada con su nombre. Feliz de aquel que recibió la renacida alegría de su amor. Penas de amor que se olvidan y volverán a repetirse en la permanente búsqueda del ser amado. Búsqueda que nos da el encanto de sentirnos vivos, que orienta los pasos, y ya no lo quiero evitar.
Por el dolor que me produjo su ausencia, sé que la amé.
Ella me devolvió a la vida. Ella nunca lo sabrá.

Por un puñado de dólares ....

Enero, eran las 9.30 de la noche, o del día, gracias a la hora adelantada que hacía que tuviéramos sol hasta las 10.30 de la noche. Calor insoportable. Me quedaban dos cigarrillos. No llego hasta las 3 de la mañana, me dije. Vamos a buscar. Domingo, dónde consigo un quiosco abierto? El de la esquina está cerrado. Hay otro a dos cuadras, pero a ese no voy porque como no llevé monedas la última vez no me quisieron vender. Voy a otro a cinco cuadras. Está abierto pero no hay de mi marca. Me voy al que no me habían querido vender. Está cerrado. A siete cuadras hay una estación de servicio con quiosco. Voy. No tienen mi marca. Qué calor!! Mi cabeza mojada, la camisa mojada, estoy todo mojado. A unas cuadras más hay otro quiosco. Sobre calle Las Heras. Allá vamos. Quedaba el último atado!. Salvado!. Mi casa quedó como a veinte cuadras de donde estoy. Ya son las 11 de la noche y volver para hacerme la comida no me entusiasma para nada. Ya que estoy, como en la pizzería que está a dos cuadras. No hay lugar en las mesas de la vereda. Entro al salón con ventiladores de techo, que soplan el aire como el viento zonda a 40 grados. No hay otra cosa. Como pizza con coca. El ventilador, por lo menos me secó un poco. Ya es tarde y voy a tomarme un micro a dos cuadras de donde estoy para volver a casa. Mientras estoy caminando a la parada, pasa el micro que debería tomar!!!. Puteo y me resigno a esperar media hora hasta el próximo.
- Que hora tiene, joven?. - Me pregunta un hombre morocho, cincuentón, con tonada chilena.
- Las once y media pasada. Y con ganas de que venga pronto el micro, por que estoy en uno de esos días, que ni le cuento! Diga que estoy ahorrando para comprarme una bicicleta, así no tengo que esperar más micros.- Bromeo.
- Mire - me dice - Acabo de comprarme un fitito. Un 600. Lo estoy haciendo arreglar y para fin de mes lo tengo listo. De primera mano. Nunca taxi. JaJa. Lo compré en $1.000, y con los arreglos en total serán unos 2.000. Pero vale la pena. No cree?.
- Lo felicito. Se ve que con la Cristina (F de K) le va bien, eh?.
- Ah, mi amigo. Mis buenas épocas se fueron. Pero tengo confianza de que volverán.-
- Porqué?. Qué pasó? - pregunto curioso.
- Si tiene un tiempito le cuento. Yo era gomero. Tenía una gomería y me iba muy bien. Era un poco tramposo, pero todo bien. Casado, con un hijo. Hasta que tuve un accidente de tránsito. Iba en moto y me llevaron por delante. Hasta las pestañas me quebraron. Seis meses en coma.... Vió lo que dicen del túnel, la luz y del viajecito?. Es cierto!. A mí me pasó!!. Cuando desperté, no podía creer como estaba. No me podía mover. Me enyesaron que parecía una momia.. y me habían hecho una traqueotomía por donde respiraba. (se abrió el cuello de la camisa para mostrarme el agujero cicatrizado). Pasaron algunos días y al fin le pregunté a la enfermera si no venía nadie a visitarme. Me dijo que al principio venía mi esposa y mi hijo. Pero como pasaba el tiempo y yo no reaccionaba, y las perspectivas no eran muy buenas para mí, dejaron de venir. El que sabía venir de vez en cuando era mi suegro. Mi suegro??!!. Si nunca nos llevamos bien. Jamás me perdonó que me llevara a su hija de la casa paterna. Era de celoso!!. Bueno .. un punto a favor del viejo, pensé. Pasó un tiempo y apareció mi suegro. Su saludo cuando me vió despierto fué.. - Porqué no te moriste, carajo!!!. - Yo, con el dedito de la mano que sobresalía del yeso, le indiqué que no era mi intención morirme. Y se fué ...
En el hospital me dijeron que ya no podían hacer nada por mí. Que debía dejar la cama y que me fuera a mi casa. Llamaron a mi esposa y le pidieron que me llevara. Que era mejor que si tenía que morir lo hiciera en un ambiente familiar. Mi señora dijo que ella no podía hacerse cargo de mí.
Mala suerte la mía. Pero pensé que si no tenía lugar para morirme, no me iba a morir. No señor!!!. Con la ayuda de mi hermano pude seguir adelante. Hice rehabilitación y aquí estoy, como me ve!!!.
- Y qué pasó con su negocio, su esposa, su hijo.? - Pregunté. - No hizo juicio por el accidente?
- Sí, inicié un juicio y para aprovechar, ya que estamos, le pedí al abogado que mientras tanto hiciera el divorcio. Yo le dejaba todo. La casa, el auto, la gomería. Lo único que quería era la caja de zapatos que estaba en el placard de la habitación. El juicio por el accidente lo iniciamos por $70.000 y yo no ví ni un peso. Mi esposa y el abogado arreglaron por 20.000. Cada uno se quedó con 10.000, y ellos felices. Y mi hijo ... mi hijo es policía.
- Bueno, pero si es un buen policía es lo mejor que le puede pasar.
- No, no es un buen policía. Fuma .. y además es alcohólico, toma mucho vino. Vea, cuando yo ya estaba bien y le hablé a mi ex- esposa para que me diera la caja que le había pedido, me dijo que no había ningún problema. Que la fuera a buscar ese fin de semana. Le avisé que iba el Domingo siguiente a la tarde. Cuando llegué, me hizo pasar. La casa la habían mantenido muy bien. Habían parquizado el patio y construyeron una pileta. Estaban sentados en dos reposeras al lado de la pileta y el inútil de mi hijo con dos cartones de tetrabrick al lado. Por lo menos si hubiese sido un buen vino... pero tetras, es el colmo. Le pedí que me diera la caja y me dijo que estaba ahí, en la churrasquera. Creí que me estaba tomando el pelo. Me acerqué y había cenizas y un pedazo de cartón marrón chasmuscado que era de la tapa de la caja. - ¿¡Qué hiciste mujer!? No viste lo que había adentro??- le grité. - Habían 140.000 dólares!!. - Sí, claro que los ví. Me contestó. Pero como sabía de las cosas turbias en las que andabas, seguro que eran falsos. Por eso los quemé. No quiero ningún problema.
- Discúlpeme, pero viene mi micro. La próxima vez la seguimos. - le dije.
- No creo, voy a andar en mi fitito y no tomaré más un micro. Chau, suerte.

Todo por una noche inolvidable.

Pasó hace algunos años atrás. Él conocía a Estela de hacía mucho tiempo. Era la mujer de sus sueños. La había invitado a salir, tantas veces como veces lo había rechazado. Era motivo de "cargadas" de sus amigos que conocían sus impuras intenciones. Finalmente lo consiguió. Aceptó salir con él. Debía preparar cuidadosamente la noche. Convenció a su padre para que le prestara el auto. Pidió dinero prestado pensando en cena y baile y otros posibles gastos imprevistos. Le faltaba un lugar íntimo por si la noche así se presentaba. Ni loco pensar en un "telo". No podía, la primera vez, llevarla a uno de esos lugares. Jorge, un amigo de su hermano mayor, tenía un departamento muy coqueto que lo alquilaba a turistas en forma transitoria. Le rogó. Le imploró. Hasta que finalmente lo logró. Tenía departamento para el fin de semana, por supuesto, con todas la recomendaciones de dejar todo en perfecta condiciones para que el Lunes pudiera ser ocupado sin dificultad. Se comprometió y juró que no habría ningún problema. ¿Qué problema podía haber, si sólo era para una noche de amor?
Todo anduvo sobre ruedas. Espectacular. Excepto que el Domingo a la madrugada no había agua en el departamento. Por alguna razón se había cortado el suministro. Se dieron cuenta cuando luego de unas horas de pasión desenfrenada ella fue al baño a ducharse y prepararse para que la llevara a su casa. - No hay agua - susurró. - No te preocupes - le dijo, vestite y peinate lo mejor que puedas, que te llevo. A esta hora nadie nos verá. Dejó a Estela en su casa y se fue a la suya. Extenuado, pero feliz, pensando en la próxima vez. Fue a eso de las tres de la tarde de ese domingo, no había terminado de despertarse que Jorge llegó a buscarlo. A pedirle la llave del departamento. Un vecino del edificio lo había llamado en forma urgente porque había una perdida de agua, sin darle más detalles. Se levantó de un salto. Jorge le preguntó si había tenido algún problema y él le comentó que hubo un corte de agua, nada más. Se fueron juntos al departamento, que estaba en un primer piso. Llegaron al hall de entrada del edificio y las alfombras estaban húmedas. Quisieron tomar el ascensor pero no funcionaba, no había corriente eléctrica. Subieron por la escalera por donde se deslizaba el agua que salía por debajo de la puerta del departamento. Abrieron la puerta y el parquet estaba cubierto de agua que salía del baño. Un trapo para secar el piso tapaba el desagüe de la ducha. La "mujer fatal" cuando se fue a duchar abrió las llaves, pero no las cerró, las dejó abiertas !!!!. Se acumuló el agua, el trapo flotó, tapó el desagüe y así quedó el departamento y el edificio, sin luz y con las alfombras empapadas. Desde ese momento no fue más la mujer de sus sueños, sino la de sus pesadillas.

Es como volar ...

Qué delicia el volar!. Igual que en mis sueños, la sensación de la libertad del cuerpo sin ataduras que lo limiten. La perspectiva de la realidad se trastoca dando paso a una nueva dimensión que es la profundidad. En tantas ocasiones busqué esta sensación de velocidad sin límite como cuando siendo aún un adolescente me lanzaba en patineta desde lo más alto de un cerro próximo a la ciudad. Así fueron los porrazos que me dí y los retos de mi madre. Las cabalgatas en el campo en el viejo percherón que resoplaba en cada paso que daba, consciente de mi apuro por levantar vuelo. La experiencia inolvidable del vuelo en parapente con el viento pegándome en el rostro. Las ráfagas que me elevaban imprevistamente dejando un vacío en mi estómago, mi corazón con taquicardia y una cantidad de adrenalina en la sangre que seguía envenenando mi ansiedad. Las picadas en San Martín con el Fiat 1500 con doble carburador que llegaba, en las rectas y con viento a favor, a 140 Km/h. Y el maldito Peugeot 404 que siempre nos sacaba una trompa de ventaja.
Había nevado en la precordillera. Era la primer nevada tempranera de la temporada. Cómo perder la oportunidad de volar con las tablas! Con un grupo de amigos y un coche prestado por un papá condescendiente, nos fuimos en busca de la aventura. El camino de cornisa, pedregoso, con hielo y barro, era la ruta perfecta que anticipaba la emoción del deslizamiento. Era una curva muy cerrada, el auto derrapó y el guardabarro trasero derecho golpeó duramente contra una gigantesca piedra que impedía que los vehículos se precipitaran al vacío. La puerta delantera derecha se abrió y volé. Qué delicia el volar. Igual que en mis sueños, pero ... no puedo controlar mi vuelo.!! La profundidad deja de ser, para convertirse en una boca ávida que me absorbe. El golpe es tremendo. Mi cuerpo se encoge. Trato de estirarme, extiendo mis brazos y ... estoy volando. Igual que en mis sueños. Abajo, un cuerpo encogido, atado a la tierra, yace inerte.

Y .... dónde están las llaves ????

Enero/2008. Después de una semana de vacaciones en Mar del Plata, me espera el largo viaje de retorno en ómnibus a Mendoza. Sale 13hs, llega a las 12 hs. del día siguiente. 23 horas de viaje, que aunque sea en coche cama, se hace eterno. Subimos al bus, son las 13.15. Llega un coche patrullero y preguntan por un pasajero que estaba en la zona de butacas estandard. Es un joven de veintialgo de años. Le revisan el equipaje de mano y lo "cachean". Hacen sacar el equipaje que tenía en bodega. No le encuentran nada y lo dejan ir. Ya eran las 14 hs. Del joven, después nos enteramos que lo estaban vigilando porque era sospechoso de ser un "mula" de drogas. Al fin salimos. Poco tiempo pasó y empezó a llover. Terminé la merienda que nos ofrecieron y empecé a leer el diario. Como a las 18.30 sirvieron un refrigerio y empezó una película que ni me acuerdo de qué era. La lluvia seguía acompañando. Estaba adormilado. Pasillo por medio estaban sentados un muchacho y a su lado un hombre relativamente mayor. El más joven le comentaba a su acompañante el drama que tenía porque había extraviado la llave original de su auto y tampoco encontraba el duplicado. La agencia de autos le cobraba una barbaridad por una copia y le demoraba un montón de tiempo en hacerla. Cosas de la tecnología y de las llaves electrónicas. El hombre mayor socarronamente le dijo: - si tenés tiempo te cuento algo que me pasó por culpa de las llaves de mi auto. - Lo escucho, dijo el joven, sólo nos quedan 14 hs más de viaje.
- Ponete cómodo. Por los años 70 y pico era tan joven como vos. Estaba saliendo hacía un tiempo con una chica hermosa, delicada, muy femenina. Enamorado hasta los tuétanos. Era sábado y salíamos a bailar esa noche. Los padres le daban permiso hasta la 1.30 de la madrugada para volver. La pasé a buscar a eso de las 10 de la noche y fuimos, no recuerdo si al Salón de los Espejos en el Plaza o al Hotel San Martín, lugares de onda para tomar algo y bailar. A eso de las 11 le pedí que nos fuéramos para estar solos. Después de insistir e implorar, la llevé a un hotel alojamiento en Las Heras, bastante alejado de la ciudad para no permitir miradas indiscretas. El encargado nos dió la llave de la habitación y el auto lo estacioné frente a la puerta. Se hicieron la una y cuarto y salimos volando del cuarto. Y.. las llaves del auto.? Deben haberse caído en la habitación. Las buscamos casi desesperadamente y no estaban. Con la ayuda de la llama de un encendedor las ví colgando en el tambor de la llave del auto. En aquella época podías cerrar la puerta del lado del conductor con el "pituto" del seguro bajado antes de cerrar. Claro que si la llave te quedaba adentro, perdías. Llamé al encargado y le explique la situación. Se vino con un alambre e intento abrirla, pero fue inútil. Le pedí que llamara a un taxi pero como él dejaba su turno, se ofreció para llevarnos al centro. Nos dejó en el centro, subimos a un taxi y dejé a mi novia en la puerta de su casa como a las 2 y media de la mañana. Con el padre que tenía menudo despelote iba a tener. Le indiqué al taxista, que me había esperado, que me llevara hasta mi casa a buscar el duplicado, y volví al hotel alojamiento. El encargado no me quería dejar pasar solo. Tuve que explicarle todo el despelote que tenía y finalmente me dejó pasar, pero me dijo que como ese auto había estado tanto tiempo solo, había llamado a la policía porque le resultó sospechoso. Llegué finalmente al auto y no alcancé a poner la llave en la cerradura que dos gorilas me empujaron contra el auto y me palparon por todos lados. Me pidieron documentos y a pesar que se los mostré, me llevaron por averiguación de antecedentes. Era época de los militares. Época brava. Me metieron en una celda de 3 x 3 con otros muchachos. Recién pude salir ese domingo como al mediodía. Me devolvieron todo lo que había llevado encima junto con las llaves del auto. Otro taxi y me fuí al hotel a buscar el auto. No estaba.!!! El encargado me dijo que se lo habían llevado con la grúa de la policía. Le pedí prestado el teléfono. (No había celulares) Me dijo la seccional que había intervenido y llamé. El auto no estaba en la seccional, sino en la Playa San Agustín. (Depósito de autos secuestrados por la policía a unos 5 Km de la ciudad). Fuí hasta la Playa y el oficial a cargo me dijo que tenía que pagar el traslado del vehículo hasta la Playa y la estadía. - De acuerdo, lo pago.- le dije - Cuánto es? - No tan rápido, acá le hacemos el comprobante y lo tiene que pagar en Rentas, en Casa de Gobierno- respondió. Era domingo, o sea, hasta el lunes no podía pagarlo. Bueno, ya está. Relájate y goza, me dije. Uyyyy, qué habrá pasado con mi novia??. Cuando llegué al centro de nuevo, la llamé por teléfono. Me atendió la madre, y después de llamarme irresponsable y otras cosas más, me dió con la nena. Me trató como si yo fuera una basura. Que me había entregado todo y recién a esta hora se me ocurría llamarla. No podía creerlo.Ni me permitió que le explicara el quilombo en el que había estado... Que no la llamara más. Que ella me llamaría si me perdonaba... El Lunes a primera hora estaba en Rentas pagando lo del auto. Pagué y me fuí a San Agustín. Presenté el comprobante de pago y me acompañó el oficial hasta donde estaba estacionado el auto. Sorpresa.!!!! Le faltaba la rueda delantera derecha y al auto lo habían dejado apoyado en unos ladrillos. El oficial se arrimó y casi susurrando en mi oído me dijo que al jefe le hacía falta, y que ésto no había pasado.¿Quedó claro?. Andá a discutirle a un policía en aquella época. - Le pregunté que por qué no habían sacado la de auxilio que estaba en el baúl, y él gentilmente me explicó que tendrían que haber forzado la cerradura y seguramente la de auxilio no tenía la llanta de magnesio como la que habían sacado. Abrí el baúl, saqué el gato, intenté levantar el auto pero como era piso de pedregullo era difícil que el gato no se moviera. Finalmente puse la de auxilio y me fuí. A partir de ese momento jamás dejé de llevar las llaves originales en un llavero y las copias en otro colgado del cinturón. Pasar por eso otra vez....JAMÁS. Ah, sí, mi novia me llamó. Nos casamos. Siete años de amor y divorcio.
Ya está, es demasiado. Es hora de dormir un poco.

Consejos para mi hija


CONSEJOS PARA MI HIJA

- Deja que la vida te presente los caminos que puedes recorrer. Elige aquel
que tu intuición te indique que es el mejor.
  - Amate y serás capaz de amar, porque si te amas elegirás lo mejor para vos, que será digno de ser amado.
- Respetate y serás respetada. Porque no permitirás que te falten el respeto si te respetás a vos misma. - Enfrenta la vida con valentía. No te ocultes tras una máscara de frivolidad. La búsqueda de emociones y sensaciones transitorias profundizarán el vacío de tu existencia, humillándola, porque la vida se llena con las experiencias que dejan las vivencias que han marcado tu vida.
  - No simules. No mientas. La simulación y la mentira son espejos que te devolverán con creces la tristeza y el rencor del engañado.
- No digas lo que desean que digas. Dí la verdad, pero no hieras por herir. A veces es preferible callar.
- No guardes rencores ni resentimientos, que son espinas que punzan el alma y niegan la paz a la razón. No hay arma más venenosa que las verdades dichas con rencor.
- No seas envidiosa. Disfruta de lo que tienes mientras trabajas para conseguir lo que quieres.
  - No seas pedante. Si hablas mucho de lo que tienes, poco hay en tu interior.
  - Cuidate, y acuérdate que eres un ser único, invalorable, y nadie como vos misma puede valorarte tanto, y sé todo aquello que te permita sentirte orgullosa de lo que eres.